viernes, 8 de noviembre de 2019

"Miénteme al oído" - Luz Casal

Sencillamente hermoso, hermosamente sencillo, cuando la simplicidad se hace enorme o ...toma zasca, reggaeton.

Pues sí, cuando creía que ya no había lugar para la sorpresa y, mucho menos, para la emoción tras casi 40 años y 5 millones de copias vendidas (Piensa en mí, No me importa nada, Entre mis recuerdos, Te dejé marchar, Besaré el suelo, etc ...), va esta mujer y, una vez mas, lo consigue. Debe ser la magia de quien es verdaderamente grande.

Después de mucha mili y un prestigio avalado por el respeto de públicos transgeneracionales, el año pasado, tras 5 años sin grabar algo nuevo, publica un nuevo álbum de canciones inéditas bajo el sugerente título «Que corra el aire». Y ese nuevo álbum contiene (tachááán), bajo mi humilde opinión, una extraordinaria canción que, desde la primera vez que la oí, pasó a formar parte de las que consideraré "mías" por los siglos de los siglos. Ese piano, esas guitarras, ese xilófono, esa voz serena, esa autenticidad, ese sencillo "ah" de coros al final, ... (llamadme blandito, pero me) eriza la piel.

Son muchas ya las canciones de esta mujer las que se nos han ido enredando a lo largo de nuestras vidas, algunas de extrema sensibilidad, en las que siempre supo poner en palabras esas sensaciones tan difíciles de explicar. Material incandescente que abrasa sus cuerdas vocales al sacárselas de tan adentro sin imposturas. Ahora tenemos una mas, como dejando claro que no hay nadie mejor en los escenarios españoles con semejante capacidad de estremecer.

Luz (qué acertados estuvieron sus padres al elegir su nombre) se deja llevar, gesticula, se tambalea, se contorsiona. Épica y dulce a la vez, como proveyendo contenidos. Miradas de quitarse importancia, sonrisas cómplices, gestos nada estudiados que rezuman veracidad y que manifiestan que, al final de todo, nos encontramos ante una vergonzosa con vocación de discreta que se engrandece al hacer lo que le gusta. Es por eso que vive lo que canta, porque interpreta, mastica cada palabra al recitar. Referente para muchas personas que necesitan volver a empezar sin saber muy bien a dónde agarrarse y que se acurrucan entre sus letras en busca de consuelo. Me da la impresión de que no persigue ser la mejor en el difícil arte de emocionar (ni en casi nada), porque sabe por sus propias experiencias lo que eso entraña de responsabilidad, pero sin duda lo es.

Un día le preguntaron: "¿Luz Casal es luz de emergencia, de faro, intermitente, semáforo, luz de mesa de camilla, de mesita de noche, de hoguera o de incendio?". Y contestó: "Lo importante de las luces es que cumplan su cometido. Incluso, apagadas. Pero lo mas importante es ser dueño del interruptor".

Bueno, ... parece que ya he dejado claro mi admiración por este pedazo de artista a la que solo he visto (y oído) en persona una única vez y de lejos. Lo dejo aquí, entonces.

PD/ es otra de las canciones que integra mi lista de Spotify "Poesía ...", lista en español que sin apenas darme cuenta se está convirtiendo en la que mas escucho. La que mas escuchan, sin embargo, es otra, "ESPAÑOL - mis 2085 mejores" (221 seguidores y casi 6 días de música ininterrumpida)



LETRA

Cuando los engaños, para que no duelan
Se conviertan en piadosas mentiras
Te enseñan los años, que es mejor una caída
Que vivir la nube de otra vida

Con cada segundo, busco en ti la eternidad
Son pocas las cosas, donde encuentro la verdad
Porque si un beso, sale libre de tu boca
Tiene sentido que mientas con maldad

Yo me declaro inocente
De toda la culpa, que ocupa mi mente
Miénteme pero de frente
A ver si se cura, este miedo creciente

Nada nos complace, lo queremos todo
Sin que importe el cuando, donde o como
Mírame a la cara y miénteme al oído
Es el pago por estar contigo

En cada segundo, busco en ti la eternidad
Son pocas las cosas, donde encuentro la verdad
Porque si un beso, sale libre de tu boca
Tiene sentido que mientas con maldad

Yo me declaro inocente
De toda esta la culpa, que ocupa mi mente
Mienteme pero de frente
A ver si se cura, este miedo creciente

Un salto al vació, con cada mentira
Es la nota falsa que se toca sin cesar
Y en este intento, que envenena mi promesa
Tiene sentido, que busque la verdad

Yo me declaro inocente
De toda la culpa, que ocupa mi mente
Miénteme pero de frente
A ver si se cura, este miedo creciente

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Autores de la canción: Luz Casal / Miguel Yadam Gonzalez Cardeneas
Álbum: Que corra el aire
Fecha de lanzamiento: 2018


jueves, 7 de noviembre de 2019

"Todo cambia" - Mercedes Sosa

Me tropecé (casi por casualidad) con esta canción en YouTube. No la conocía, pero me parece hermosa en la voz de la eterna Mercedes.

Pone voz (y música) a un poema del poeta chileno Julio Numhauser.


Es la última incorporación a mi lista de Spotify "Poesía ..." 



LETRA

Cambia lo superficial
Cambia también lo profundo
Cambia el modo de pensar
Cambia todo en este mundo
Cambia el clima con los años
Cambia el pastor su rebaño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño


Cambia el mas fino brillante
De mano en mano su brillo
Cambia el nido el pajarillo
Cambia el sentir un amante
Cambia el rumbo el caminante
Aunque esto le cause daño
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño


Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia


Cambia el sol en su carrera
Cuando la noche subsiste
Cambia la planta y se viste
De verde en la primavera
Cambia el pelaje la fiera
Cambia el cabello el anciano
Y así como todo cambia
Que yo cambie no es extraño


Pero no cambia mi amor
Por mas lejos que me encuentre
Ni el recuerdo ni el dolor
De mi pueblo y de mi gente
Lo que cambió ayer
Tendrá que cambiar mañana
Así como cambio yo
En esta tierra lejana


Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia
Cambia todo cambia


Pero no cambia mi amor ...







viernes, 11 de noviembre de 2016

Y Leonard Cohen la siguió

Leonard Cohen, en una de
sus últimas fotografías


"Creo que te seguiré muy pronto", escribió este verano Leonard Cohen a una de sus primeras musas, Marianne Ihlen, enferma de leucemia.

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Bueno, Marianne, ha llegado el momento en el que somos tan viejos y nuestros cuerpos se están desmoronando, que creo que te seguiré muy pronto.
Estoy tan cerca de ti que, si extiendes tu mano, podrás alcanzar la mía. Sabes que siempre te he querido por tu belleza y por tu sabiduría, pero ahora solo quiero desearte un buen viaje. Adiós, vieja amiga. Mi amor infinito, nos vemos al final del camino.

Leonard.
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Marianne Ihlen, en una foto reciente
En esta conmovedora misiva, Cohen le decía a Ihlen que sentía que se iban a reunir muy pronto. Y así ha sido. Ha ido a su encuentro a sus 82 años, los mismos que tenia el pasado día de su cumpleaños, el 21 de septiembre, cuando declaró “estar preparado para morir” mientras asistía a la publicación del último álbum, You want it darker, postrera obra maestra del cantante. 


Leonard y Marianne
Marianne, según las propias palabras de Leonard Cohen, era la mujer más bella que había visto. El cantautor canadiense y Marianne Ihlen se conocieron en la taberna del puerto de Hydra, la isla donde vivieron su particular revolución hippie. Este punto del Golfo Sarónico griego servía por aquel entonces de refugio a los artistas y bohemios que huían de las grandes metrópolis o, en el caso de Cohen, de la lluvia de Londres.

La noruega encandiló al cantante y juntos vivieron una amistad con tintes de affaire durante la década de los 60. Ella había aterrizado en Hydra en mayo de 1957 acompañada de su joven novio, el novelista nórdico Axel Jensen, con el que se casó y celebró el convite en una casa sin lavadora ni electricidad. Pero al año siguiente, su marido y padre de su hijo la abandonó. Y
Marianne Ihlen, con  Axel Jensen en 1957
es entonces cuando Leonard Cohen apareció en escena. "Aunque lo amé desde el primer momento, lo nuestro fue una bonita película lenta", diría ella más tarde.



Marianne inspiró colecciones de poemas como "Flowers to Hitler", canciones como "Bird on the Wire" y la novela "The favourite game". Pero la mayor muestra de amor público de Leonard por Marianne, desde luego, llegó con la canción "So long Marianne"
Leonard, con Suzanne Eldrod
y el hijo de ambos, Adam
(1967), que es la que interpreta Cohen en el vídeo subtitulado que arriba adjunto.


Su romance acabó tres años después, cuando otra de las novias del cantante, Suzanne Eldrod, dio a luz a su primogénito. Marianne volvió entonces a Oslo, aunque siguió en contacto con su amante y amigo. Cuando Cohen supo este mismo año que estaba enferma de leucemia, le remitió la carta con la que encabezo este post y que salió a la luz en la radio canadiense por un amigo en común, el cineasta Jan Christian Mollestad, el cual estaba rodando un documental sobre Ihlen.

"Marianne se marchó de este mundo ayer por la tarde, totalmente en paz y rodeada de amigos íntimos", le escribió a Cohen para darle la triste noticia el pasado 28 de julio. "Tu carta llegó cuando ella todavía podía hablar y reír con plena conciencia. Cuando la leímos en voz alta, sonrió como solo Marianne sabía hacer. Levantó la mano justo cuando decías que estabas cerca de ella. Se estiró tanto que podrías alcanzarla", decía.

Menos de cuatro meses después de la muerte de Marianne, como una profecía, Cohen y su musa se han vuelto a agarrar de la mano como cuando vivían juntos en la isla griega de Hydra a principios de la década de los años sesenta. Ahora nos quedan sus letras, su fantástico disco epílogo y su voz de ultratumba grave y poderosa, oscura y misteriosa. Ha hecho reflexionar a generaciones enteras sobre los grandes dramas humanos, en especial la religión, la política, el aislamiento social, las relaciones personales, el amor y la sexualidad. 

No sé exactamente como llegué a Cohen, o si fue él quien vino a mí. Supongo que lo hizo suavemente, de puntillas, como siempre lo suelen hacer los grandes. Lo que sí sé es que llegó bien temprano, que vino para quedarse, para hacerme entender la importancia de las formas y del fondo, y para ayudarme a conformar el universo musical de toda una vida. Al principio me atrajo ese ritmo casi de banda de verbena tocando canciones tristes, su compás. Y su voz. Con una voz así las palabras siempre resultan poesía incluso en la época en la que no solía prestar atención a su traducción. 

Me tenia cautivado, sí. Pero por si así no fuera, acabé por subirle al altar de los distintos, de los sublimes, de los únicos, al escucharle recoger el Premio Príncipe de Asturias de las Letras en 2011. Humilde y agradecido. Entrañable y cercano. Brillante y revelador. "Toda mi obra está inspirada por esta tierra - por España -. Así que gracias por celebrarla porque es suya, solo me han permitido poner mi firma al final de la última página", dijo entonces. Podéis leer el discurso completo en http://cultura.elpais.com/…/actualid…/1319234401_850215.html y verlo en el siguiente vídeo:



Hoy, sin duda, se nos ha ido uno de los grandes poetas urbanos. Qué linda la gente que hace lo que siente, siente lo que dice, dice lo que piensa, piensa lo que hace, ...... y vuelta a empezar. Suerte que siempre nos quedará su legado.

Buen viaje. Buen reencuentro. Adiós (y gracias), viejo amigo.
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martes, 24 de mayo de 2016

La "Princesa" de Joaquín Sabina




En 1985, Joaquín Sabina aún no era Joaquín Sabina. Bueno sí, pero por decirlo de una manera menos críptica: Joaquín Sabina, ese cantante y compositor mainstream que hoy todos conocemos y que gusta —o no gusta— a todo tipo de públicos, no era el artista de éxito masivo que es ahora. En 1985, Joaquín Sabina aún no llenaba estadios, no actuaba con lo más granado de la música española e hispanoamericana, no vendía miles de álbumes, no nos daba el coñazo hablando sin parar de sus amigos los poetas, de sus vírgenes, de sus gatos o de la tauromaquia, y no iba por la vida con su disfraz de tipo respetable ni, por supuesto, cenaba con el Rey actual y su señora esposa. Iba con su chupa de cuero, su diccionario de habla obrero, sus malos aires, sus respuestas incordiantes, su alma de pendejo, su lenguaje sincero y su tabaco negro.
Antes de que una embolia le pusiera el freno, en el 2001, la vida de Joaquín Sabina corría muy deprisa. Famosa es la anécdota sobre las decenas de personas que tenían la llave de su magnífico piso en el barrio madrileño de Tirso de Molina y que, tanto en su presencia como en sus largas ausencias, montaban ahí las fiestas. O, sencillamente, iban a charlar, a tomarse una cerveza o a esnifar y fumar alguna cosita. Después de salir del hospital, recuperado y aleccionado por el susto, Sabina cambió la cerradura y dio un giro radical a su vida.

O no tan radical. Supongo que tendría altibajos. Tuve la suerte, la oportunidad y el honor de que el maestro se fuera de marcha con nosotros (sí, sí, textual, él fue quien se vino con varios de mis amigos y conmigo de copas dado que conocíamos al mayor y mejor de los representantes artísticos de España) y puedo afirmar que, ese día-noche-madrugada al menos, no se comportó como una Hermanita de la Caridad que digamos. Supongo que los genios son así, impredecibles. Sólo se apaciguó un poco cuando, de improviso, aparecieron otros dos genios musicales y humanos que hicieron de bálsamo en la aventura: Serrat y Miguel Ríos.


Pero volvamos al año 1985, año de nacimiento de "Princesa" y del primero de sus grandes discos, aun de vinilo (¡¡qué recuerdos!!). Juez y parte es un disco magnífico. Empezando por el envoltorio, sencillo pero cargado de simbología. En la portada, un desafiante Sabina parece estar mirando directamente a los ojos del oyente, sosteniendo un cigarrillo en la mano derecha, y enfundado en unos pantalones de cuero, con esa actitud tan suya, en la que parece estar diciendo, soy más chulo que un ocho. Sentado en medio de una habitación vacía, en la que tan solo se ve una guitarra eléctrica y una máquina de escribir, las dos herramientas fundamentales en cualquier cantautor que se precie.

Disco autorreferencial y narrativo (originalmente se iba a llamar Primera Persona del Singular y luego Descaradamente Personal), a diferencia del anterior donde lo doméstico era visto como lugar a abandonar (Juana la Loca, Pisa el acelerador, Negra noche) aquí muchas situaciones se desarrollan en ese espacio, lo domestico (Rebajas de enero, Incompatibilidad, Princesa). Digamos: el gato callejero se ha domesticado, pero no castrado. Si Sabina ha presumido de haber tenido no menos de tres juventudes en su vida, del mismo modo podríamos conjeturar que ha habido otras tantas madureces y es en la primera (o segunda) de ellas en las que parece situado el sujeto que compone "Juez y Parte": “Hoy

ya retirado, sólo robo y mato por necesidad”, “Hoy como caliente, pago mis impuestos, tengo
Su casa y sus gatos
pasaporte/Pero algunas veces pierdo el apetito y no puedo dormir”, “Tenemos estufa, dos gatos y tele en color/(…) Emociones fuertes buscadlas en otra canción”).

Sin embargo, inmediatamente después de la edición del disco Sabina debió salir al cruce de comentarios que lo acusaban de apólogo de lo marginal. Es que el aburguesamiento es sólo un condimento. Desde el título mismo, pretende caracterizarse por un movimiento de ida y vuelta. La oposición Juez/Parte entendida como legalidad/marginalidad. Se mueve oscilando entre espacios opuestos, devenido en héroe gracias a esa posibilidad de atravesarlos.

¿Y qué se puede decir del interior? Pues que contiene diez canciones chulísimas, que ya mostraban a un artista inmenso, y que presagiaban que lo mejor estaba por venir. Se abría la cara A del disco, con “Whisky sin soda”, con música de Hilario Camacho, y letra del propio Joaquín. Toda una declaración de principios, en la que por ejemplo, Sabina ya advertía a quien tuviera oídos para escuchar que había vendido “por amores y no por dinero, mi alma a Belcebú y de las dos majas de Goya, prefiero la misma que tú”; “Cuando era más joven” dibuja un autorretrato sobre la época en la que el jienense empezaba a buscar su norte, viajando siempre en trenes con destino hacia el norte; “Ciudadano cero” suponía su primera incursión en el, ejem, ejem, género negro, y cuenta la historia de un tipo que un día decide ser noticia en los telediarios, coge una escopeta y arma la de Dios es Cristo, cargándose a 17 inocentes que pasaban por allí; “El joven aprendiz de pintor” es un tema en el que el de Úbeda juega a pronosticar cómo será el futuro cuando se vea tocado por la varita mágica del éxito; en “Rebajas de enero” Joaquín cuenta una historia de amor de esas que en discos posteriores se harían tan populares y que tanto gusta a su público más fiel; “Kung Fu”, envuelta en un falso directo, es el retrato de una banda de delincuentes tocados por ese halo romántico con el que el mejor Joaquín sabe revestir a personajes marginales, como ya había hecho anteriormente con el delincuente juvenil Jero en la canción “Qué demasiao”; en “Balada de Tolito” el protagonista es un mago que se gana la vida de tren en tren, haciendo trucos y juegos malabares, y cuya vida nos mostró en prime time la TVE en el programa “Vivir cada día”, cuando sólo había dos cadenas y nadie en este país sabía que cojones era eso del prime time; “Incompatibilidad de caracteres”, a ritmo de
swing, es una divertida muestra de lo que se ha dado en llamar la lucha de los sexos. Cerraba el disco “Quédate a dormir” una canción magnífica que quedó eclipsada entre tantos buenos temas, pero que escuchada ahora, treinta años después de ser grabada, me parece quizás la mejor de toda la colección.



Pero, de largo, la canción más exitosa fue "Princesa". Y no es de extrañar. Se trata de una canción en la que Joaquín dibuja con trazo firme el retrato conmovedor de un antiguo amor que ha recorrido el camino sin retorno que lleva de ser una princesa, con la boca de fresa, a una yonki marchita incapaz siquiera de sonreír. Aunque la mayoría de la gente piense que esta es la primera versión de este tema, hay que señalar que no es así, pues en el año 1982, se publicó una versión en el disco "Seguir viviendo" del cantautor malagueño Juan Antonio Muriel, que era el coautor de la canción, —él se había encargado de la música y Joaquín de la letra—, con algunos versos distintos a la versión popularizada por el propio Joaquín. la presentó en el Festival de Benidorm y quedó segundo en aquella edición.

 

Javier Ojeda con su libro
Pongo un extracto de lo que el propio Muriel contaba en el libro "Una historia del popmalagueño 1960-2009", de Javier Ojeda, cantante del grupo Danza Invisible, de cómo se gestó el tema:

"Joaquín y yo (quien habla es Muriel en primera persona) nos conocimos cuando tras una actuación me dice: <<Oye, me encanta lo que haces, a ver si algún día hacemos algo juntos>>. Al poco nos hicimos amigos. Entonces, con José Luís (Umbral) y José María (Alonso) tocábamos mucho por ahí. Un día va un fotógrafo llamado José Luís (Álvarez) y nos dijo que teníamos que montar en Málaga algo como lo que hacíamos en Madrid. Al cabo del año y medio me llama y me dice <<Ya tengo el local y quiero que lo inauguréis tu y José Umbral, que sois malagueños>>. Era el Zambra, lo tenia a medias con Mike (Miguel Gallego), que era director artístico del Teatro Lara, uno pequeñito. No encontré a José Umbral y llamé a Joaquín Sabina para tocar durante un mes. No había mucha pasta, pero... Me dijo que encantado, además contábamos con una casa que nos cedía una amiga en Fuengirola, cerca del Hotel Las Pirámides, yo tenía coche... Nos vinimos desde Madrid con José María, que estaba entonces encandilado con el Guru Maharashi y Patricia (Quiroga). ¡ Menudo viaje nos dieron el José María con el Guru Maharashi y Joaquín con el miedo a la carretera. En cada curva se me pegaba al lado repitiendo mi nombre en crescendo.

Joaquín y yo vivimos una historia muy apañá en Málaga. Nos íbamos a ver a la gente del grupo de teatro de Mike y ellos venían a vernos a nosotros. Uno de los que más interés tenía por saber de Madrid era, por cierto, Antonio Banderas, muy amigo nuestro. Regresamos a Madrid después de estar un mes allí, pero al Zambra volvimos ya por separado Joaquín y yo. Fue también Krahe y mas gente... El Zambra fue mítico.

¡Ah, lo de <<Princesa>>! Joaquín me dijo <<Hay que ver que no tenemos ninguna canción hecha juntos>>. A ver que te parece ésta. De puta madre, le dije, me la llevo. Esa letra estuvo como dos meses en mi casa. Un día la saqué y empecé a ponerle música, pero me sobraba un verso. Quitándolo me cuadraba todo. Se la toqué a Joaquín y me dijo <<¡A tomar por culo el verso!>>. Entonces empezó a tocarla él y se equivocó. Y sin saberlo suprimió unos acordes de la música. A mi me pareció bien así. Por tanto yo le quité unos versos y él a mi unos acordes de paso. Cuando Joaquín la regrabó le cambió partes de la letra. Yo, cuando la hago, sigo cantando la versión antigua. Seguimos teniendo muy buena relación, pero ahora la verdad es que no nos vemos. Ten por seguro una cosa: Joaquín escribe como la madre que lo parió."


¿Y que se sabe de la protagonista de la canción, de la Princesa?. Pues es curioso, pero documentándome sobre su origen, me topé con el comentario anónimo de un tipo que (al parecer) sabe la historia de la protagonista. Y decía lo siguiente:

"La Princesa de Sabina vivía en Logroño, de padre húngaro y madre española. Nacida en Gran Bretaña. Era muy inteligente, rubia y muy guapa y de mente voladora. Su nombre, Ariana. La última vez que la vi fue en las Navidades del 1998 0 del 1999 en Logroño. Dijo que vivía en Alemania y que estaba metida en el mundillo del cine. Esta chica es la verdadera Princesa, la de los gurús y la de los labios de fresa. Ahora tendrá 60 años (Sabina tiene 66). En ninguna web ha salido su identificación real."

Sea como fuere, y a pesar de que según una multitudinaria encuesta la mejor canción de Sabina es "Contigo" (y a mi me lo parece), "Princesa" es, sin duda, el mejor tema del disco y uno de los mejores exponentes de esta etapa. Un tema que lleva directamente al título del LP: Juez y Parte. “Con qué ley condenarte/Si somos juez y parte/Todos de tus andanzas” se llega a preguntar el sujeto-héroe que le habla a la Princesa. Aunque no es gran cosa musicalmente (incluso la guitarra falla en dar un solo, limitándose a repetir la introducción) el enfoque vocal, entre dolido y agresivo da la medida justa para lo que quiere transmitir. Incluso el sintetizador juega a remarcar el tono dramático que se quiere imponer.


Y, por último. Curioseando por ahí, me encontré con esta pagina web que trata de los amores de Sabina (no habla de la tal Princesa, pero es interesante).
 

miércoles, 2 de diciembre de 2015

El festival LIVE AID treinta años después, y actuación por actuación





Un articulo publicado por para JOT DOWN

Hoy se cumplen treinta años del mayor hito mediático-musical de todos los tiempos: el festival benéfico Live Aid. Un acontecimiento verdaderamente único y también un revelador escaparate de cómo era la industria musical de los ochenta. Se celebró a medias entre dos estadios separados por el Atlántico: Wembley en Londres y el estadio JFK de Philadelphia, en los Estados Unidos, y fue seguido por una entonces inédita cantidad de mil quinientos millones de espectadores, por momentos cerca de dos mil.

 Live Aid en el Wembley Stadium, Londres, 1985. Foto: Mike Cameron
Live Aid en el JFK Stadium, Philadelphia, 1985. Foto: Squelle (CC)
 Live Aid en el JFK Stadium, Philadelphia, 1985. Foto: Squelle (CC)

Bob Geldof
Todo fue organizado desde la nada por Bob Geldof, cantante de The Boomtown Rats, una banda que había pasado de moda tras una breve etapa de éxito en el Reino Unido. Como mucha gente en la época, Geldof se sintió impactado por las crudas imágenes de las hambrunas en África, que meses antes también habían motivado la grabación de «We Are the World», canción compuesta por Michael Jackson y Lionel Ritchie. A base de insistencia, ambición y —como se supo después— mucho chantaje emocional, Geldof consiguió reunir un enorme elenco de artistas para una actuación benéfica de dimensiones ciclópeas. Pero antes de repasar el festival actuación por actuación (un trabajo de chinos, ya lo sé, pero yo solito me he metido en esto), algunas consideraciones generales previas:

– Hablando técnicamente no fue un buen festival. Organizado a toda prisa, hubo bastantes problemas técnicos, de sonido, de imagen y de desorganización. Además, algunos artistas se presentaron en una baja forma lamentable. Pero el ambiente de euforia caritativa y solidaridad era tan generalizado que el público de los dos estadios lo aplaudió todo, incluyendo algunas actuaciones que en otras circunstancias hubieran sido recibidas de forma bastante peor.

– El festival fue el punto de corte en una década cuya primera mitad estuvo dominada por bandas muchas de las cuales sufrieron lo que yo llamo el «síndrome 1985» o «síndrome Live Aid», porque sus carreras empezaron a venirse abajo justo por aquella misma época. El Live Aid visibilizó un momento de cambio en la industria musical. Una amplia audiencia decidió que algunas cosas hasta entonces consideradas «modernas» y «a la última», habían quedado repentinamente anticuadas frente a otras del mismo festival. Live Aid representó en muchos aspectos el principio del fin de toda una época. Entre 1985 y 1987 todo un ecosistema estético-musical se vino abajo, sin estrépito, pero también sin remedio.
 
Monterey 1967

– Visto hoy, Live Aid demuestra que la primera mitad de los ochenta se nos antoja, musical y estéticamente mucho más lejana que décadas anteriores. Un ejemplo: pocas actuaciones de Woodstock o Monterey parecen haber perdido su vigencia, pero Live Aid sí está plagado de actuaciones obsoletas, aunque haya otras que mantengan su interés intacto. Durante la primera mitad de los ochenta se forzó mucho el concepto de lo que es moderno o vanguardista, hasta volverse artificioso e impostado. Tanto se forzó, que en este festival empezaron a aparecer las primeras grietas en ese concepto. En general (y con excepciones, claro), los artistas con sonido más clásico o los procedentes de estilos más underground se desempeñaron mejor en Live Aid que los artistas más a la moda, y el público no dejó de notarlo.
 
Woodstock 1969

– Musical y comercialmente hablando, en Live Aid hubo ganadores y perdedores, beneficiados y damnificados. Con una audiencia tan enorme, el festival pudo marcar el destino de carreras enteras. Los grandes triunfadores fueron Queen, que básicamente se ganaron el prestigio de no tener competencia sobre un escenario. Muy particular- mente destacó Freddie Mercury, convertido repentinamente en la mayor estrella de rock del planeta. Otros que triunfaron por todo lo alto fueron U2, que ya estaban creciendo internacionalmente pero que dieron un salto impensable sin este festival. También se beneficiaron enormemente INXS, Run DMC o un Eric Clapton al que Live Aid rescató de una pendiente hacia el olvido. Entre los más perjudicados, el prestigio de Led Zeppelin, de Bob Dylan, y la carrera entera de Adam Ant, además de muchos otros artistas que no lograron superar el cambio estilístico de los dos siguientes años, cambio que en el Live Aid dio sus primeras señales de inminencia.
 


EL FESTIVAL

Pero vamos ya con un repaso exhaustivo del festival. Lo haremos en orden, o casi. No es el orden cien por cien exacto de aparición de los artistas porque, para hacer más inteligible el cartel, lo he dividido en tandas. Piensen que en realidad el festival fue un continuo ir y venir de conexiones entre los dos estadios principales (y otros escenarios), entrevistas, actuaciones secundarias y toda clase de intermedios. Fueron aproximadamente dieciséis horas de retransmisión ininterrumpida, casi imposibles de resumir sin una hoja de Excel, pero bueno, prescindiremos de la parafernalia extramusical y nos centraremos únicamente en las actuaciones. Abróchense los cinturones, ¡viajamos a 1985!


1) Primera tanda de actuaciones en Wembley

Status Quo:

Elección idónea de los organizadores para comenzar dado su siempre efectivo boogie rock. Precisamente por ellos supimos de las cantidades ingentes de drogas que circulaban por los camerinos. A Francis Rossi, por ejemplo, se le nota considerablemente afectado y por momentos le cuesta un mundo cantar. Aun así, una buena actuación, sin sorpresas pero efectiva, como era costumbre en ellos. Vídeo.

The Style Council:

El antiguo líder de The Jam, Paul Weller, se presentaba con su nueva banda, de sonidos soul-pop melódicos muy en consonancia con la época. Una actuación correcta, aunque su música fuese demasiado convencional y ajustada a los patrones de los ochenta como para hacernos vibrar igual hoy. Con todo, buen sonido, un esforzado Weller (aunque sus movimientos escénicos eran francamente mejorables) y una banda enérgica con alguna canción digna de recordar como aquella «Walls Come Tumbling Down». Lo hicieron bien, aunque sufrieron el Síndrome 1985 y quedaron obsoletos en breve: se separaron en 1988 sin llegar a publicar su último álbum, rechazado por la compañía discográfica. Vídeo

Boomtown Rats: 

El padre de todo el asunto, Bob Geldof, aparecía sobre el escenario de Wembley para cantar con su propia formación, ante el delirio de un público que le agradecía haber sacado adelante la tremenda iniciativa. Sin embargo, los Boomtown Rats no eran gran cosa y Geldof no era ni buen cantante ni particularmente efectivo como frontman, así que fue una actuación que hoy nadie recordaría de no ser porque él había organizado todo el evento. De hecho, el público no se volvió a interesar por ellos después del festival. Vídeo.

1AdamAnt
Adam Ant vio pulverizada su carrera en menos de cuatro minutos (imagen; BBC)

Adam Ant:

Terrible momento que lastró toda una carrera. En vez de rescatar algún antiguo éxito, Adam Ant se empeñó en presentar su nuevo single, «Vive Le Rock», que no era una mala canción pero que sonaba a glam rock demodé. Y en los ochenta, claro, estar demodé era un pecado mortal. Para colmo, el final de su actuación descolocó a la gente. Nadie entendió que se permitiese el lujo de acabar con una frase frívola («¡Mira, mamá, estoy en la cima del mundo!»), como presumiendo de pisar el escenario de Wembley y ser un afortunado rockero en mitad de un evento marcado por el recuerdo a los desfavorecidos de África. Aunque, todo sea dicho, fue seriamente malinterpretado, porque en realidad la frase formaba parte de la canción… pero claro, el público no lo sabía. Entre ese tropiezo y la imagen de Adam Ant saltando y correteando como un poseso por el escenario sin conseguir despertar a los espectadores de su indiferencia, Live Aid fue un severo golpe para su carrera del que no logró recuperarse. Vídeo.


Ultravox:
 
El frontman Midge Ure puso todo de su parte para sacar adelante la actuación, pero resultaba evidente que el sonido robótico tecnopop de sintetizadores de Ultravox no era la clase de música que pudiese funcionar en un gran estadio. Y no funcionó. Por ejemplo, un tema como «Vienna», que en disco era más bien interesante, terminó demasiado sonando pobre para un abarrotado Wembley. La verdad es que Ultravox se esforzaron y su show fue respetable, pero no estaban en su elemento, por lo que Live Aid no contribuyó demasiado a relanzar su por entonces ya declinante carrera. Una vez más, el Síndrome 1985. De hecho, terminaron separándose en 1988. Vídeo.


2) Conexión con Australia

INXS:
 
La emisión se trasladó a una sala australiana donde actuaron INXS, banda compuesta de grandes estrellas en su país por entonces aunque virtualmente desconocidos en el resto del mundo. Esta filmación, en el contexto de aquellos años, hace fácil entender por qué el Live Aid los puso en el mapa. Su estilo, tan robusto como bailable, producía la sensación de que ofrecían algo novedoso. Eso y la imagen escénica de Michael Hutchence se hicieron notar entre la audiencia de muchos países. Fue el primer paso hacia su superéxito internacional, que terminaría de concretarse poco más tarde con la irresistible comercialidad de discos como Kick o X. En contraste con Adam Ant o Ultravox, INXS fueron de los grandes beneficiados del festival porque el público pudo percibir que ellos eran «lo nuevo». Vídeo.


3) Actuaciones pregrabadas desde Japón:

Loudness:
 
Desde un estudio de televisión, la banda más legendaria del heavy metal japonés interpretaba dos típicos himnos metálicos ochenteros con los que demostraban su completo dominio de los clichés del estilo y la garra vocal de su entonces cantante Minoru Niihara. Antes del festival ya eran conocidos y respetados en los círculos metálicos de Estados Unidos y Europa, pero su potente aparición en Live Aid les permitió redoblar su popularidad internacional dentro de ese mismo público, aunque es verdad que comercialmente nunca traspasaron las fronteras del mundillo heavy. De todos modos, Loudness iban a lo suyo y tampoco parecían muy preocupados por ello. Vídeo.

Off Course: 
 
Tremenda anécdota la de esta banda, muy respetada en su país, donde habían publicado más de una decena de discos. En 1985, parecieron preparados para dar el salto a mayores audiencias. Escogieron una canción melódica que tenía todos los mimbres que les permitiesen abrirse camino en la escena internacional; su sonido sofisticado y un muy buen estribillo en inglés tenían bastante potencial comercial. ¿Qué sucedió? Que su gran oportunidad quedó hecha trizas a causa del caos imperante en la organización. La retransmisión de su canción fue cortada por motivos técnicos ¡apenas quince segundos después de ser presentada! No puedo imaginar cómo debieron de sentirse los pobres tipos, que en unos fatídicos segundos pasaron de estar a punto de lucirse en el mayor escaparate musical de todos los tiempos a desaparecer repentinamente de dos mil millones de pantallas de televisión. Heridos de muerte por esta ocasión perdida, terminaron separándose cuatro años después. Una pena. Vídeo (y por si alguien tiene curiosidad, aquí el tema entero)

Eikichi Yazawa:
 
Más olvidable era este cantante de pop rock que ya había probado suerte en los Estados Unidos sin mucho éxito, y que tampoco consiguió llamar la atención aquí, ya que sonaba demasiado a artista genérico del momento. Fue quizá lo más flojo de una aportación japonesa que por lo demás fue la mejor de entre las naciones con las que se conectaba más allá de Wembley y Philadelphia. Eso sí, a él no se le cortó la retransmisión. Vídeo.

Motoharu Sano:
 
Especializado en mezclar estilos típicamente americanos de los cincuenta y sesenta con sonidos más propios de los ochenta, tiene cosas interesantes en su discografía pero aquí se presentó con un tema que, sin ser malo, tampoco estaba destinado a atraer la atención del público internacional. Vídeo.


4) Segunda tanda en Wembley

Spandau Ballet:
Inmensamente populares y también inmensamente estándar, hicieron una buena actuación, muy profesional, pero que vista hoy resulta francamente marciana. Vídeo.

Elvis Costello:
Limitado a una única canción, Costello apostó por la inmediatez y eligió «All you need is love» de los Beatles, que sabía que sería coreada por todo Wembley. Pero nada remarcable. Hay bandas anónimas haciendo versiones mucho mejores de esta misma canción por los bares de medio mundo. Vídeo.


5) Primera tanda en Philadelphia

Bernard Watson:

Alguien debería filmar una película sobre la historia de este chaval. David Weinstein (su nombre auténtico) era un chico de dieciocho años fan de Bob Dylan, que se empeñó en que debía abrir la parte americana del festival Live Aid, armado con su guitarra y su armónica bajo el nombre artístico de Bernard Watson. Marchándose de casa sin decir nada a nadie, condujo desde su Miami natal hasta el estadio John F. Kennedy de Philadelphia, donde intentó entregar una cinta con sus canciones al famoso promotor Bill Graham, encargado de la parte americana del evento. La secretaria le dijo que lógicamente Graham era un hombre muy ocupado y que a pocos días del concierto no tenía tiempo para chorradas. El chaval, sin embargo, decidió no rendirse. Mientras su familia lo buscaba desesperadamente, pasó varios días durmiendo en su coche —parado en el aparcamiento del estadio— y tocando la guitarra para olvidar el hambre que estaba pasando, ya que no le quedaba dinero. El reportero de un periódico de Philadelphia, al conocer su historia, le hizo una entrevista y la sacó en portada al día siguiente. Cuando Bill Graham vio el periódico, escuchó las cintas y terminó bajando al aparcamiento con un plato repleto de filetes, diciéndole: «será mejor que comas, porque el sábado abrirás el concierto». Extasiado, Watson telefoneó a Miami, donde claro, nadie le creyó (incluso su profesor de música le recomendó que visitara a un psiquiatra, pensando que estaba sufriendo delirios de grandeza). Pero así fue, lo consiguió; David Weinstein alias Bernard Watson fue el primer artista que actuó en la parte americana del Live Aid. ¿Que cómo sonaba? Imposible saberlo. Ninguna cadena de televisión se molestó en retransmitir o conservar una filmación de su actuación y solamente he conseguido ver unos segundos procedentes de un noticiario, que alguien ha colgado en Youtube. Hoy prácticamente nadie le recuerda, excepto los coleccionistas de anécdotas musicales extrañas. Vídeo.
  
Momento de huir: Joan Baez cantando a capella (imagen: NBC).
Momento de huir: Joan Baez cantando a capella (imagen: NBC).

Joan Baez:

Momento trágico. Joan Baez se las arregló para quedar como una de las artistas más desfasadas del evento, y no lo digo por su atroz atuendo de voluntaria de parroquia en la boda de su hermana, sino por la actuación en sí. Tras un discurso en donde pronunció frases que oídas hoy suenan bastante embarazosas («¡este es vuestro Woodstock!»), se marcó un terrorífico «Amazing Grace» a capella con sus característicos balidos, intentando infructuosamente que el público cantase con ella (tampoco ayudaba el que Joan se inventase fragmentos por las buenas, descolocando a cualquiera que intentase seguir la melodía). Todo ello coronado por el estribillo de «We Are The World», también a capella, que en su voz ovina daba verdadero pánico. Breve, pero cataclísmico. Vídeo.

The Four Tops:
Muy distinta fue la actitud del cuarteto de Detroit. Lejos de ponerse en plan lacrimógeno y sensiblón, salieron a por todas con su soul clásico de siempre. En su breve pero intenso repertorio no faltaron «Reach Out I’ll Be There» o «I can’t help myself». Se llevaron las cosas a su terreno con total facilidad, entreteniendo al público como consideraban su obligación y haciendo olvidar el mal trago de la catequesis de Joan Baez. Vídeo.

Billy Ocean:
Si hay algo representativo de de la época que le tocó vivir (y que ha quedado completamente anclado en ella) es el soul-pop de Billy Ocean. Su actuación, vista hoy, parece casi cosa de arqueólogos. Era un artista bastante exitoso cuando apareció en el Live Aid y aún tenía que conquistar el mundo con la infame «Get Outta My Dreams, Get Into My Car», gracias a la cual su cuenta bancaria acumuló más ceros que mi expediente escolar. Visto hoy, resulta incluso más marciano que Spandau Ballet. Ah, y sí, por si lo han notado… efectivamente, Bon Jovi le copiaron algún que otro arreglo. Vídeo.


6) Conexión con Austria

Warum:
Intentando emular el espíritu de «We Are The World», los austriacos presentaron una constelación de artistas locales —cada cual más hortera— interpretando una infumable canción con pretendidos sones africanos. En fin, algo más propio de las catacumbas de Eurovisión, pero que al menos nos sirve para comprobar que los españoles no somos los únicos en exportar chapuzas musicales al mundo. Horrendo. Vídeo.


7) Tercera tanda en Wembley

Nik Kershaw:
A los más jóvenes no les sonará de nada este nombre, pero los más veteranos recordarán sin duda la melodía de su mega-hit «Wouldn’t It Be Good», que a mediados de los ochenta debió de sonar hasta en los entierros. Su actuación es una de las mejores muestras de cómo una parte de aquel Live Aid quedó anclada en una época extinta. Interpretó la susodicha Canción Que Está En Todas Partes y otros éxitos suyos del momento como la también omnipresente «The Riddle» (o la cochambrosamente pretenciosa y altamente hilarante «Don Quixote»: «Don Quihooote, Don Quihooote»), pero el Síndrome 1985 actuó en él con extraordinaria rapidez. Menos de dos años más tarde, en 1987, ya estaba fuera del mapa. Vídeo.
 
Sade tuvo el mérito de centrar toda la atención durante una actuación que, la verdad, hoy parece aburrida.
Sade tuvo el mérito de centrar toda la atención durante su sutil actuación (imagen: BBC).

Sade:

La banda británica se presentaba precedida por el enorme éxito de su canción «Smooth Operator» y apoyada en la elegante sensualidad de Sade Adu. Cabe admitir que la cantante fue capaz de centrar la atención del estadio sin hacer prácticamente nada, probablemente ayudada por el hecho de que los medios de la época insistían casi obsesivamente en hablar una y otra vez de su aureola hipnótica. Pero lo cierto es que incluso con ese magnetismo escénico innegable, la actuación fue tremendamente aburrida. Vídeo.


8) Conexión con Holanda

B.B. King:
Los holandeses decidieron apostar por lo seguro y en vez de una colección artistas propios con peinados ridículos y gafas de pasta, conectaron con un concierto que B.B. King estaba dando en aquel país. Y bueno, lógicamente no podían fallar. Tenemos al legendario bluesman haciendo lo que mejor ha sabido hacer siempre, aunque hubiese sido más interesante verlo en alguno de los dos estadios. Pero bueno, como todo lo que hacía King por entonces, intachable. Vídeo.


9) Segunda tanda en Philadelphia

Black Sabbath:
El escenario americano anunciaba varias reuniones históricas de grandes bandas de rock, entre ellas la formación original de Black Sabbath. Supieron mover al público con algunos de sus clásicos y ofrecieron justo lo que se esperaba de ellos. Además, la impecable imagen siniestra de Tony Iommi y el tremendo carisma rockero del bajista Geezer Butler contrastaban con la sobredosis de horterada estética ochentera… aunque no puede decirse lo mismo de Ozzy Osbourne, metido de lleno en sus años de rubio cardado y ataviado con un traje que el mago Merlín no usaría ni como pijama. De todos modos, visto el fiasco de alguna otra reunión que tendría lugar ese día y pese a la voz levemente desafinada de Ozzy, Black Sabbath salvaron el estandarte del viejo hard rock setentero gracias a cosas como la dinosáurica y formidable «Iron Man». Vídeo.

Run DMC:
No podía faltar el rap y uno de sus principales representantes. Como Loudness, ellos iban a su rollo. Hicieron una intro de scratching que sin duda pilló desprevenidos a muchos espectadores. Pese a algunos problemas con los vinilos y un sonido terriblemente mal mezclado porque los técnicos del festoval probablemente no sabían cómo sonorizar a un combo rapero, Run DMC se las arreglaron para llenar el escenario con una enérgica interpretación de «King of Rock», demostrando que no les intimidaban ni los problemas de sonido ni las multitudes. Live Aid les ayudó a mostrar su entonces revolucionario estilo a millones de espectadores y su siguiente disco los convertiría en estrellas, así que estuvieron entre los ganadores. Vídeo.

Rick Springfield:
Cantante melódico australiano que estaba viviendo en la cresta de la ola tras colar varias canciones en las listas estadounidenses, ganar un Grammy (sí, esos premios ya eran una broma por entonces) y aparecer como actor en la serie General Hospital. Peinado con el obligatorio mullet de todo solista mojabragas de la época, podemos incluirlo en el grupo de artistas que en aquel festival parecían sonar de actualidad, pero que en realidad estaban quedando inadvertidamente desfasados. Esto es, el Síndrome Live Aid. De hecho, en un par de años Rick Springfield caería en el más completo olvido. Vídeo.

REO Speedwagon: 
Algo parecido le sucedió a esta banda de rock melódico que por entonces llevaba varios años triunfando por todo lo alto en los Estados Unidos. Eran bastante mejores que Rick Springfield (¡eso sin dudarlo!) pero también estaban condenados a quedar obsoletos por su sonido y pese a que atesoraban mucha calidad. Tras el Live Aid, de hecho, su éxito disminuyó considerablemente. Vídeo.


10) Conexión con Yugoslavia

YU Rock Misija:
También en Yugoslavia optaron por una constelación de artistas propios que entonaban una canción lacrimógena. Resulta chocante verlos cantar en armonía sabiendo lo que sucedió allí no mucho tiempo después, pero por lo demás es tan prescindible como la aportación de Austria, excepto por el hilarante repaso a peinados, ropajes y complementos varios de aquel planeta alienígena llamado Los Ochenta. Vídeo.


11) Cuarta tanda en Wembley
 
Sting y Phil Collins arrebatados por su propio Arte,
Sting y Phil Collins arrebatados por su propio Arte (imagen: BBC)

Sting y Phil Collins:
Dos de las mayores estrellas del momento desperdiciaron media hora valiosísima con una de las actuaciones más soporíferas del evento. Sting, que estaba de lleno en su etapa «soy un artista elegante» y «hey, mirad, también sé tocar la guitarra», empezó aburriendo a las ovejas con una lastimosa versión de «Roxanne» a dúo con Brandford Marsalis, más propia para un cocktail nocturno de pijos londinenses que para un estadio. En la misma tónica minimalista siguió aburriendo con «Driven to tears». Después Phill Collins se sentó al piano («hey, mirad, también sé tocar el piano») para interpretar una balada en solitario con efectos narcóticos. Esta tónica se mantuvo cuando ambos tocaron juntos un par de temas más. Un verdadero suplicio, con Sting y Phil Collins henchidos de ego y queriendo demostrar su exquisita sensibilidad sin entender que estaban actuando en Wembley con millones de telespectadores mirando, y no en una cena de sus nuevos amigos millonarios. Un muermo insufrible. Vídeo.

Nota: Poco después, por cierto, un helicóptero recogía a Phil Collins y lo llevaba al aeropuerto, donde subiría al Concorde para volar a Estados Unidos… ¡y aparecer en la parte norteamericana del show durante aquel mismo día! Una jornada agotadora para Collins, aunque si era por los resultados musicales se la podría haber ahorrado perfectamente, como seguiremos viendo.

Howard Jones:
Hoy nadie se acuerda de él, ni falta que hace, pero por aquella época este cantante y pianista coló nada menos que una decena de canciones en las listas de éxitos, y en menos de cuatro años (entre ellas la insufrible «What is love»). Acompañado únicamente de su piano —por si la gente no había tenido bastante con el minimalismo pretencioso de Sting y Phil Collins— interpretó su éxito «Hide and Seek» y, en fin, no pasará a la historia por ello. Sí, usted lo ha adivinado: el Síndrome 1985 se apoderó de su carrera y en un par de años estaría completamente fuera del radar. Vídeo.

Paul Young:
Otro cantante típicamente ochentero que gozaba de un gran éxito en el Reino Unido y era bien conocido en España gracias a singles como la melosa «Every time you go away» (todas sus canciones eran en ese plan: «no te vayas», «quédate», «por qué te vas», «por qué no te quedas»… ¡variedad!). En el Live Aid, aparte de mostrar sus limitaciones vocales, al menos interactuó con el público haciéndoles cantar el famoso estribillo. Parece completamente increíble, pero incluso el plasta de Paul Young fue menos aburrido que la terrorífica dupla Sting-Phil Collins. Vídeo.

Bryan Ferry y David Gilmour:
Actuación correcta sin más, donde algunas canciones funcionaban relativamente bien, pero otras, como «Boys & Girls», resultaban soporíferas (otro que no acababa de situarse: ¡estás en Wembley, Bryan, no duermas a la gente!). En cuanto a Dave Gilmour, es un grandísimo guitarrista, pero la verdad es que no tenía el día y parecía casi un imitador de sí mismo. Actuación respetable pero irregular. Vídeo.


12) Conexión con Rusia

Avtograph:
Ah, los rusos. La Unión Soviética estaba todavía en plena apertura hacia el rock & roll y eso se notaba en las peculiaridades de sus bandas. Avtograph no eran un mal grupo. Es decir, interpretaron dos temas y demostraron que, más allá de ser algo horteras, no eran malos músicos… pero el cantante, ¡ah, el cantante! Parecía el típico espontáneo que sale a berrear en una boda o un karaoke con cuatro gintonics de más. Terrible. Al menos podía dar gracias de que Joseph Stalin ya no estaba vivo, o seguramente hubiese terminado picando hielo en Siberia. Vídeo.


13) Conexión con Alemania

Band für Afrika:
Todo lo que decíamos de la aportación austriaca puede aplicarse aquí. Una agrupación de artistas alemanes —también cada cual más hortera que el anterior— interpretando una nefanda canción lacrimógena para que los espectadores del resto del mundo pudiesen levantarse a por palomitas. O dicho de otro modo: desfile de peinados para flipar en colores. Vídeo.


14) Tercera tanda en Philadelphia

Crosby, Stills & Nash:
Junto a Joan Baez o Santana, de los pocos artistas que habían estado en Woodstock. Un show correcto, aunque marcado por la baja forma vocal de Graham Nash, que estropeó un tanto las características armonías vocales del trío (y para colmo, su micrófono sonaba bastante más alto que el de sus compañeros). Aprobaron, pero no con nota. Desde luego nada comparable a su legendaria, inmensa y escalofriante aparición en Woodstock. Vídeo
 
Rob Halford derrochó carisma y elegancia durante la actuación de Judas Priest (imagen: ABC)
Rob Halford derrochó carisma y elegancia durante la actuación de Judas Priest (imagen: ABC)

Judas Priest:


Los héroes del heavy metal británico salieron a por todas, siendo muy conscientes de que había que entretener al público, como lo demuestra que comenzasen con la increíblemente pegadiza «Living After Midnight» (¡fantástica!). Rob Halford estaba en sus mejores años tanto en el plano vocal como en cuanto a su presencia escénica; la verdad es que por entonces se las arreglaba para llenar las tablas sin hacer prácticamente nada, demostrando que estaba muy acostumbrado a los grandes estadios. Judas Priest se salieron con la suya pese a los severos peroblmas de sonido y, de hecho, es una de las actuaciones del Live Aid que mejor han pasado la prueba del tiempo. Vídeo.

Bryan Adams:
El canadiense, ahora Psico-Perpetrador De Baladas En Serie, también salió a por todas con «The Kids Wanna Rock», que confieso es la única de sus canciones que de vez en cuando escucho por placer. Por entonces se encontraba en la cumbre, habiendo sido número uno en Estados Unidos, y bueno, no estuvo mal, aunque lo suyo sabía a poco después de la descarga de Judas Priest. Vídeo.

The Beach Boys:
Salieron a ofrecer lo que se esperaba de ellos con un Brian Wilson en sorprendente buena forma, como Carl Wilson, aunque el vocalista Mick Love y sobre todo el batería (que no era Dennis Wilson) se encargaron de estropear algunos fragmentos. Con todo, una gran actuación, aunque con unas armonías vocales tan complejas se echaba de menos un mejor sonido. Pero bueno, incluso cuando no todo suena lo perfecto que debería sonar resulta maravilloso ver a estos tipos en acción. Vídeo.

George Thorogood & The Destroyers:
Cuando Thorogood aún estaba en su momento álgido y contando con invitados como Bo Diddley y Albert Collins (quien básicamente le robó el show durante «Madison Blues»), la cosa no podía fallar. Una buena actuación, previsible, pero potente. Vídeo.


15) Quinta tanda en Wembley

U2:
Y con ellos llegamos el primer momento verdaderamente épico del Live Aid, y lo dice alguien que no es precisamente un fan del grupo. U2 ya eran bastante conocidos a ambos lados del Atlántico, aunque estaban en ascenso y aún tenían que acostumbrarse a tratar con las grandes estrellas del negocio, lo cual produjo anécdotas hilarantes, como cuando Bono conoció a Freddie Mercury entre bastidores. La homosexualidad de Mercury era un secreto a voces en el negocio, pero el inocente Bono esperaba encontrarse con un rockero estándar, así que no dio crédito cuando Freddie empezó a coquetear con él, preguntándole juguetonamente sobre la forma de pronunciar su nombre (el irlandés recordaría después que pensó «¡Wow, este tipo es realmente amanerado!»). Se vio casi acorralado por Mercury: «yo estaba contra una pared, y él apoyó una mano en la pared y empezó a charlar conmigo como si le estuviese hablando a una chica». Sin salir de su asombro, el vocalista de U2 comentó la anécdota a otros que circulaban por allí, que se reían de su candidez, diciéndole: «bueno, ¿qué esperabas? ¡Su grupo se llama Reina!».

Volviendo a lo musical, desde el momento en que empezaron a tocar «Sunday Bloody Sunday» quedó claro que en 1985 U2 estaban a la vanguardia: sonaban a algo distinto y fresco, consiguiendo que otros artistas del Live Aid pareciesen repentinamente pasados de moda. Pero su actuación no solamente fue brillante, sino que se vio favorecida por uno de esos sucesos que sencillamente no se pueden planear. El segundo tema, «Bad», es una canción que a mí me aburre bastante pero que se convirtió de repente en algo sensacional. ¿Cómo es posible? Veamos: a mitad del tema, Bono empezó a hacer gestos a los miembros de seguridad, al parecer pidiendo que acercasen a alguien del público. Pensando que Bono quería subir a alguna chica al escenario, sacaron a una de las primeras filas, pero el cantante la ignoró mientras continuaba señalando y haciendo gestos cada vez más frenéticos. Finalmente saltó al foso de fotógrafos, ante el desconcierto de la organización, y siguió gesticulando para indicar a quién quería que le acercasen. Mientras tanto, sus compañeros de banda, atónitos, seguían repitiendo la misma secuencia de acordes una y otra vez (aunque U2 tenían previstas tres canciones, consumirían buena parte de su tiempo con este incidente y no pudieron tocar la tercera).

Lo que nadie sabía en aquel momento es que Bono había visto a una chica que estaba a punto de ser arrollada por la multitud y lo estaba pasando realmente mal, algo de lo que nadie más se había dado cuenta. La muchacha, que tenía solamente quince años, diría más tarde que se estaba asfixiando y que Bono, al verla y solicitar su rescate, le había salvado la vida. Cuando finalmente los miembros de seguridad consiguieron llevar a la chica (afortunada- mente ilesa) hasta el foso de fotógrafos, Bono la abrazó paternalmente y bailó unos instantes con ella, casi como un padre bailaría con su hija en el día de su boda, mientras las cámaras lo captaban todo para asombro de los espectadores. Aunque nadie conocía el trasfondo de lo que estaba pasando, una sensación extraña se transmitió a través de las pantallas de televisión y millones de televidentes se sintieron emocionados en sus casas sin saber exactamente por qué (está claro que hay contextos que se transmiten de modo inconsciente). El abrazo entre Bono y la chica resultó inesperadamente escalofriante, una de las pocas cosas verdaderamente espontáneas que le he visto hacer a Bono en un concierto. Joan Baez, que estaba en su hotel viéndolo a través de la televisión, demostró ser muy perceptiva cuando escribió en su diario una acertada descripción del suceso: «ha sido un momento íntimo que ha tenido lugar ante miles de personas».
 
El abrazo de Bono a una chica recién rescatada de entre el público dio la vuelta al mundo (imagen: BBC).
El abrazo de Bono a una chica recién rescatada de entre el público dio la vuelta al mundo (imagen: BBC).

Bono despidió a la chica con un cariñoso beso y regresó al escenario para terminar la canción, que ahora había ganado una nueva intensidad al convertirse en banda sonora de aquellos instantes tan emotivos. U2, como digo, tuvieron que retirarse sin interpretar el tercer tema, pero aquellos mágicos minutos multiplicaron su popularidad por mil. No es cierto que el Live Aid «lanzase» la carrera de U2 como a veces se dice, porque su carrera estaba ya en pleno ascenso, pero sí es verdad que los rodeó de una aureola de grandeza de la que solamente gozan un puñado de bandas en cada generación y que sin esa actuación, quizá no hubiesen adquirido nunca. Aún diré más: de no ser por otro grupo que iba a actuar poco después, U2 se hubiesen convertido en los reyes del Live Aid. Les recomiendo que vean el incidente, empieza hacia el minuto 12:05 del enlace y realmente merece la pena, es difícil describirlo con palabras. Vídeo.

Dire Straits:
En la cúspide de su éxito, ofrecieron justo lo que se esperaba de ellos. Tocaron su mega-hit «Money for Nothing» junto a Sting, que cantó la introducción casi a capella tal y como había hecho en el disco (es muy cómica la cara de «¡oh, joder!» que Sting puso al fallar justo la última nota de esa intro). Después, Mark Knopfler se lució con una versión quizá innecesariamente larga de «Sultans of Swing». Una actuación bastante buena aunque previsible y un tanto demasiado convencional, destinada a quedar eclipsada no solamente por lo que habia pasado minutos antes con U2 en aquel mismo escenario, sino sobre todo por lo que estaba a punto de suceder. Vídeo.

Freddie Mercury dirigiendo a las masas. Queen fueron los grandes triunfadores del festival (imagen: BBC)
Freddie Mercury dirigiendo a las masas. Queen fueron los grandes triunfadores del festival, con mucha diferencia sobre el resto. (imagen: BBC)

Queen:

Y llegamos, amigos, al momento cumbre de Live Aid. La opinión fue unánime entonces y continúa siendo unánime hoy: Queen sencillamente se merendaron al resto del cartel. Robaron el show y cimentaron su prestigio como la banda con mejor directo del planeta, cuando se daba por hecho que su mejor época en vivo (1978-82, más o menos) ya había pasado. Aunque Queen eran grandes estrellas desde varios años atrás, mucha gente no había visto sus actuaciones y los que habían visto sus giras más recientes habían notado cierto bajón. Así que todos, los hubiesen visto antes o no, quedaron atónitos contemplando lo que Queen fueron capaces de hacer en Live Aid. Empezaron con «Bohemian Rhapsody» y Mercury sentado al piano; no la interpretaron entera pero sirvió para calentar a la audiencia. Después tocaron su nuevo single «Radio Ga Ga», donde Freddie se puso en pie y desplegó su inexplicable habilidad para llenar el escenario. Al contrario que muchas otras estrellas, no se sentía intimidado por las multitudes ni necesitaba ese periodo de adaptación que normalmente dura varios minutos para sacudirse los nervios, sino que se crecía desde el primer segundo en que pisaba las tablas, con una expresión de felicidad y seguridad en sí mismo que era mayor cuanta más gente veía delante de él. Los momentos mágicos empezaron a sucederse. Al final de «Radio Ga Ga», un penúltimo acorde cantado por Mercury puso los pelos de punta a millones de televidentes, una de esas cosas que no tienen explicación pero que sencillamente funcionan. Aquella nota fue bautizada como «la nota que ha dado la vuelta al mundo» (6:31 del vídeo), aunque Mercury, siempre tan opuesto a la solemnidad, la rubricó travieso sacando la lengua a las cámaras. Pero lo más espectacular aún estaba por venir: después de terminar «Radio Ga Ga» y con ese total dominio de los grandes estadios que nadie ha tenido como él, Freddie Mercury empezó a intercambiar cánticos con un público extasiado, manejando a decenas de miles de personas completamente a su antojo. Véanlo, es algo verdaderamente impresionante.
Después interpretaron otros singles recientes, «Hammer to Fall» y «Crazy Little Thing Called Love», que quizá no eran comparables a algunas joyas del pasado pero que sonaban tan bien como solamente pueden sonar en manos de un grupo en estado de gracia (durante «Crazy Little Thing Called Love» Mercury volvió a hacer cantar a todo el estadio, que parecía responder mágicamente a sus indicaciones). Finalmente, cerraron con dos de sus himnos más populares, «We Will Rock You» y «We Are The Champions», con Freddie llevando Wembley a la completa ebullición. Aquellos casi veinte minutos pusieron de manifiesto que en 1985 Queen no tenían rivales sobre el escenario y seguirían sin tenerlos mientras Mercury estuvo saludable. Fue, con mucho, la mejor actuación del festival, como contaron todas las crónicas al día siguiente y como hoy puede comprobar cualquiera que tenga ojos en la cara y oídos en las sienes. Freddie Mercury quería reinar y lo consiguió. De qué manera. Vídeo.

David Bowie:
Aunque con la tremebunda responsabilidad de salir después de los gloriosos e irrepetibles momentos ofrecidos por Queen, Bowie tenía de su lado una inmensa popularidad y además acertó con canciones tan movidas como «TVC15», «Rebel Rebel» o «Modern Love». Con el público ya metido en el bolsillo, sorprendió con una versión de «Heroes» que, en contra de lo todo lo previsto, funcionó maravillosamente bien en el difícil entorno de un estadio. Gran actuación; no resultaba fácil salir indemne de la papeleta «¡oh, no, y ahora tengo que actuar después de Freddie Mercury!», pero Bowie solventó el entuerto con carisma, saber hacer y una banda dispuesta a darlo todo. Vídeo.

The Who:
Uno de los momentos más esperados de la jornada era la reunión de The Who, la banda que en los setenta había sido lo que Queen eran en los ochenta: los reyes del directo. Pero en 1985 las cosas habían cambiado. Pete Townshend, con problemas de oído y metido de lleno en las drogas a una edad sorprendentemente tardía, ya no era la bestia escénica que había sido unos años atrás. En 1978 el guitarrista no hubiese desentonado junto a Freddie Mercury, pero en 1985 era una sombra de sí mismo. Además el grupo apenas había ensayado, hubo problemas iniciales con el bajo de John Entwistle y empezaron pifiándola nada menos que con «My Generation», durante la cual —para colmo— las televisiones perdieron la señal, por lo que mucha gente se llevó una imagen desastrosa de la actuación. El resto de la cual, sin embargo, fue a mejor. La siguiente canción, «Pinball Wizard», funcionó bien aunque el público televisivo no pudo verla. «Love Reign O’er Me» y «Won’t Get Fooled Again» salieron adelante pese a la leve descoordinación producto de la falta de ensayos y el tiempo de separación. En conjunto, la gente notó el contraste entre estos Who formularios y la máquina de matar que habían sido en la década anterior, pero no fue una actuación tan mala como se dijo en su día. Fue correcta teniendo en cuenta las circunstancias, aunque sus errores y problemas hirieron la autoestima de un grupo que diez años antes hubiese plantado cara a los propios Queen. Vídeo.


16) Cuarta tanda en Philadelphia.

Simple Minds:
Después de que la gente hubiese visto a Queen en acción al otro lado del Atlántico, los escoceses poco podían hacer para borrar la impresión de que se encontraban unos cuantos escalones por debajo. Aunque por entonces ya eran una banda enormemente famosa en su país, el Reino Unido, el Live Aid les permitió abrir la difícil lata de las audiencias americanas. Actuación correcta pero que probablemente solo disfrutarán los fans. Vídeo.

Pretenders:
La banda de Chrissie Hynde nunca me ha interesado particularmente, pero admito que estuvieron bien, sobre todo durante la enérgica «Middle of Road». Más que respetable actuación. Vídeo.

Santana:

La banda del famoso guitarrista no atravesaba sus momentos de mayor popularidad, pero en Live Aid estuvieron sencillamente fantásticos (especialmente durante la espectacular «Brotherhood», ¡tremenda!). Por aquellos años Carlos Santana todavía no había dejado que su vena aburrida lo dominase y decidió salir a por todas, convirtiéndose en uno de los mejores artistas del festival. Como decía antes de Judas Priest, esta es una actuación por la que no ha pasado el tiempo. Vídeo


17) Conexión con Noruega

All Of Us:
¡Sorpresa! Noruega optó por la consabida constelación de estrellas patrias pero desconocidas más allá de sus fronteras y una canción que, dentro de su meliflua horterez, por lo menos era más soportable que los engendros de Austria y Yugoslavia. Pero bueno, prescindible salvo por los detalles hilarantes de los atuendos y peinados. Vídeo


18) Tanda final en Wembley

Elton John:
Aunque transformado ya entonces en un artista terriblemente estándar, Elton todavía podía realizar grandes actuaciones cuando se lo proponía. Desde su éxito «I’m still standing» hasta una versión de Marvin Gaye, pasando por la melodramática «Rocket Man», rayó a buen nivel, incluyendo el dueto con Kiki Dee en una brillante «Don’t go breaking my heart», aunque menos convincente fue la aparición de George Michael. Vídeo

Freddie Mercury y Brian May:
Después de que Queen hubiesen conquistado Wembley tres horas antes, cantante y guitarrista fueron recibidos con histeria al retornar para interpretar una balada acústica de su disco The Works cuyo título y temática pegaban perfectamente con la naturaleza benéfica del evento. La verdad es que la canción no era gran cosa, pero ya no necesitaban demostrar nada y al terminar se llevaron la ovación de la noche como el justo premio de todo un estadio a los increíbles momentos que Queen les había hecho vivir por la tarde. Vídeo.

Paul McCartney cantando feliz sin saber que no le estaba oyendo ni Dios (imagen: BBC)
Paul McCartney cantando feliz sin saber que no le estaba oyendo ni Dios (imagen: BBC)

Paul McCartney:
Sentado al piano y dispuesto a ofrecer uno de los grandes momentos de la jornada con «Let it be», McCartney sufrió un problema técnico que hizo su voz inaudible durante toda la parte inicial de la canción. Los técnicos se volvieron locos para arreglarlo y el público rugió cuando finalmente se escuchó su voz, aunque con un sonido apagado. Fue un buen momento por más que los duendes de la tecnología se hubiesen puesto en su contra. Eso sí, cuando el festival se editó en DVD, McCartney dobló la canción, una de las muchas trampas que se hicieron en dicho DVD para camuflar los desastres técnicos del Live Aid. Vídeo

Don’t the know it’s Christmas:
 

Muchas de las estrellas de la noche se reunieron para cerrar el show de Wembley con la canción que era la respuesta británica a «We Are The World». El tema era muy, muy inferior al que habían compuesto Michael Jackson y Lionel Ritchie, pero bueno, era el cierre lógico y esperado para el evento en su parte británica. Vídeo.


18) Quinta tanda en Philadelphia

Ashford & Simpson:
Supongo que pocos recordarán a esta pareja, especializada en canciones románticas de sonido bailable, cuyo éxito «Solid» sonó muchísimo en aquellos años. Su actuación no daría mucho para recordar si no fuese por lo que fue el gran momento de emoción en el estadio estadounidense. Si en Wembley habíamos visto el romántico baile entre Bono y una chica rescatada de la muerte, Nick Ashford y Valerie Simpson invitaron al escenario al exitoso cantante Teddy Pendergrass, que había quedado tetrapléjico por un accidente de tráfico y que cantó junto a ellos «Reach Out And Touch Somebody’s Hand». Vídeo

Kool & the Gang:
En los setenta, esta banda podría haber reventado el estadio a base de funk, pero en 1985 llevaban ya años reconvertidos en un grupo para todos los públicos, aunque todavía eran grandes músicos. Su actuación era un vídeo pregrabado procedente de otro directo, del que prefirieron incluir un par de temas recientes como su superéxito del momento, la vaporosa «Cherish». Se echó de menos que hubiesen tocado algo más antiguo como «Jungle Boogie», o incluso clásicos de su época más comercial, que también los tenían, como «Celebration» o «Get down on it». Sea como fuere, una breve actuación enlatada que sabe a poco para una de las mejores bandas de la historia. Vídeo.

Madonna, en un arranque de genialidad, inventando notas que no están en la escala (imagen: NBC)
Madonna, en un arranque de genialidad, inventando notas que no están en la escala (imagen: NBC)

Madonna:

Sumida en un escándalo por la reciente la publicación de unas antiguas fotos suyas en Playboy, la nueva gran superestrella del pop estadounidense salió al escenario avisando ya de primeras que «hoy no pienso aguantar mierda de nadie» (claro que sí, ¡buen rollo! Ni que esto fuese un festival benéfico). Y Madonna tuvo razón: no aguantó mierda de nadie, sino que fue el público quien tuvo que aguantar mierda de ella. Vestida de manera inusualmente discreta, como queriendo demostrar que lo suyo no era solamente cuestión de imagen, desafinó a gusto durante veinte minutos, dejando claro que si se había hecho tan famosa no era por ser una buena cantante (quien piense que Britney Spears o Katy Perry son peores cantantes que las artistas pop de antes, ¡debería echarle un vistazo a esto!). Una actuación tremendamente mediocre que pone de manifiesto que Madonna era simplemente un producto de marketing, aunque no cabe duda de que era inteligente, porque no solamente consiguió que su carrera sobreviviese a su desastroso Live Aid (en años recientes he visto crucificar a cantantes femeninas por bastante menos que esto) sino que fue cada vez a más, comercialmente hablando. ¿Lista? Seguro. Pero talento para cantar… ni en el karaoke del barrio. Horrible. Vídeo


19) Sexta tanda en Philadelphia

Tom Petty & The Heartbreakers:
Su intervención es recordada por añadir una canción extra al repertorio previsto, respondiendo a las protestas que eso provocó entre bastidores haciendo una visible peineta a los encargados de producción. Por lo demás, la actuación fue de calidad, como era de prever, y tuvo muy buenos momentos que hacían olvidar el pandemonium de gallos que acababa de perpetrar Madonna. Vídeo

Kenny Loggins:
En España a casi nadie le suena su nombre, pero en Estados Unidos tuvo una década continuada de éxito y buenos niveles de ventas. Interpretó la entretenida «Footloose», su éxito del momento, que pertenecía a la banda sonora de la película que convirtió a Kevin Bacon en una estrella y que en ciertas emisoras estadounidenses todavía suena de vez en cuando. Como dato antropológico, su banda era de las pocas que lucía peinados normales no ochenteros, pero Loggins, no obstante, tuvo los redaños de vestir un traje que se hubiera desintegrado automáticamente en cualquier otra década. Vídeo

The Cars:
Estando en lo más álgido de su éxito y aunque su sonido no encajaba demasiado bien en un estadio, se las arreglaron para dejar buen sabor de boca. A mí no me interesan demasiado, pero admito que lo hicieron bastante bien. Vídeo

Neil Young:
El canadiense ofreció lo que se esperaba de él y tuvo momentos brillantes (¡esa hermosa «Helpless»!). Como era de esperar, es uno de los pocos individuos que puede salir con una guitarra acústica ante un estadio abarrotado sin que dé la impresión de que se queda corto. Muy bueno. Vídeo


20) Séptima tanda en Philadelphia

The Power Station:

La inesperada y exitosa alianza entre el cantante Robert Palmer y dos miembros de Duran Duran hubiera sido un buen momento del festival… de no ser porque Palmer había decidido dejar el grupo meses antes. Su sustituto, Michael Des Barres (de quien obtuvo el apellido la famosa groupie Pamela Des Barres), era francamente inferior como vocalista. El show fue tan enérgico como caótico, y la innegable actitud rockera de Des Barres no hizo olvidar la elegancia —ni mucho menos la voz— del mencionado Palmer. Vídeo

The Thompson Twins:
Una banda típicamente ochentera cuyo show fue una extraña mezcla entre los desafines del cantante y las continuas ganas de llamar la atención de Steve Stevens. El Guitarrista Mercenario Más Pesado de la Historia dio bien el coñazo con continuos efectitos, especialmente durante la versión del «Revolution» de los Beatles, donde además nos castigó con un chapucero solo que sin duda sonaba mucho mejor en su cabeza. Quien no reconozca a Stevens, es el de melena crepada, chaqueta negra y mallas de leopardo, ¡huyan de él!. La cosa, claro, solo podía empeorar con ¡voilà!, la presencia de Madonna en los coros. En fin, un desastre monumental, aunque por lo menos se esforzaron por entretener al público (sí, Sting y Phil Collins, lo digo por vosotros). Si puedes ver esto sin que te entren ganas de estrangular a Stevens, te felicito: eres inalterable cual Buda. Vídeo

Eric Clapton:
Con la presencia de un Phil Collins recién bajado del Concorde, Clapton sonó descafeinado, realizando una versión bastante flácida de «White Room», el antiguo clásico de Cream, y otra más viva, aunque aséptica, de la famosa «Layla». No obstante —lo que son las cosas— aunque su actuación no fuese brillante sirvió para que una nueva generación descubriese sus antiguas canciones, así que el Live Aid fue la primera piedra para la reconstrucción de una carrera que estaba en franco declive y realmente podemos situar a Clapton en el bando de los grandes beneficiados, aunque no estuviese en su mejor forma aquel día. Vídeo

Phil Collins:
Si no querías Phil Collins, dos tazas. Gracias al Concorde, en Philadelphia pudieron experimentar también la inenarrable sensación de contemplar a Collins sentado al piano interpretando una balada para solaz de sí mismo y de su señora madre. Vídeo


21) Octava tanda en Philadelphia
 
Jimmy Page: Aquí, esperando que se me pase toda la merla (imagen: NBC)
Jimmy Page: Aquí, esperando que se me pase toda la merla (imagen: NBC)

Jimmy Page, Robert Plant & John Paul Jones:

O lo que es lo mismo, la reunión de Led Zeppelin, aunque oficialmente no se quisieran denominar así debido a la ausencia del difunto batería John Bonham. Era el momento más anticipado de la jornada y de hecho fueron los artistas más ruidosamente recibidos de todo el festival: la histeria que despertaron al pisar el escenario fue verdaderamente apoteósica. Pero la reunión terminó siendo un fiasco de proporciones bíblicas, de hecho el mayor desastre del festival y uno de los momentos más patéticos que se haya visto en la historia de una gran banda.

Tony Thompson, de Chic
La cosa ya empezó mal entre bastidores. Page, Plant y Jones habían escogido como batería a Tony Thompson, de Chic. Pero a última hora Robert Plant insistió en invitar como segundo batería a Phil Collins, que había tocado en sus discos en solitario. La idea de actuar con dos baterías no gustó ni a Jimmy Page ni a Tony Thompson; ambos dudaban (con razón) que Collins se supiera las canciones. Phil Collins sintió un abierto rechazo, pero aun así, impulsado por aquel afán trasatlántico de estar en todas las puñeteras partes, decidió salir al escenario con ellos. Mala idea, porque efectivamente no se sabía las canciones y si Tony Thompson no iba a saber reproducir el característico groove de John Bonham, mucho menos teniendo que tocar junto a un Phil Collins con el que no había ensayado.

Aun así, no fue Phil Collins quien tuvo la principal culpa del desastre, ni mucho menos. Robert Plant apenas tenía voz y no podía sacar adelante sus antiguos temas. Y Jimmy Page… bueno, lo suyo fue de vergüenza ajena. Se presentó colgado de heroína y alcohol, incapacitado para tocar de manera medianamente decente. Clapton contó después que Page se tiró casi todo el día encerrado en los baños del camerino mientras él, que también había sido heroinómano, intentaba hacerle entrar en razón. Al pisar el escenario quedó claro que Page no daba de sí. Ni con el sonido de su guitarra escondido tras toneladas de horribles efectos —destinados sin duda a intentar infructuosamente camuflar sus constantes equivocaciones, pero que acabaron empeorando el conjunto— pudo evitar el ridículo. Entre la afonía de Plant, la inutilidad de Page y que Collins iba perdidísimo, aquello parecía una banda amateur de quinceañeros. Fue todo tan patético que Phil Collins reconoció más tarde que le entraron ganas de marcharse a mitad de actuación. El público del estadio les ovacionó porque aquel día reinaban los buenos sentimientos, pero las cámaras de televisión no mienten: aquello fue uno de los mayores desastres escénicos registrados en un festival, algo verdaderamente inenarrable. Aunque oficialmente no habían actuado bajo el nombre Led Zeppelin, el recuerdo de la superbanda quedó arrastrado por el fango: los críticos poperos de la época (o sea, la mayoría) se cebaron con la marca Zeppelin, a la que ya despreciaban previamente, y pasaron años antes de que la marca recuperase su debido prestigio. Se mire por donde se mire, un verdadero cataclismo. La segunda canción, «Whole Lotta Love», debe de ser el momento musicalmente más bajo de todo el festival. Y eso, estando Madonna y similares, es algo humillante, muy humillante. Vídeo

Crosby, Stills, Nash & Young:

Después de haber actuado por separado, el trío vocal y Neil Young se unían como ya habían hecho en los setenta, para delirio del público americano. Aunque algunas de las voces implicadas ya no sonaban como antes y tuvieron algún momento problemático a la hora de mantener las armonías, hubo momentos buenos. Irregular, pero tras el Apocalipsis de Led Zeppelin, esto sonaba a gloria en comparación. Vídeo

Duran Duran:
Los británicos, entonces en la cima de su inmensa fama, no sonaron demasiado bien, especialmente a causa de la floja y poco afinada voz de Simon LeBon (vamos, lo de Madonna pero en varón), así que su actuación fue bastante olvidable. Como creo que lo han sido casi siempre. Vídeo.


22) Novena tanda en Philadelphia

Patti LaBelle:
A todos nos gustan sus grabaciones de los setenta, pero esta mujer tiene un problema y es que carece de medida, siempre quiere hacer demostraciones vocales hiperbólicas incluso cuando la canción no lo requiere. Es decir, fue la precursora de las Christina Aguilera de este mundo, sin parar de gritar y soltar gorgoritos de manera completamente gratuita. Técnicamente hablando su actuación no estuvo mal, claro, porque su garganta es prodigiosa. Pero aquellas versiones de Lennon o Bob Dylan terminaron resultando exageradas y estridentes. Aunque, todo sea dicho, se las arregló para asombrar a propios y extraños cuando consiguió hacerse oír en el estadio sin micrófono. En fin, es Patti y ella es así, así que la tomas o la dejas. Vídeo

¿Ganó Daryl Hall el concurso de peinados? ¡Seguramente! (imagen: NBC)
¿Ganó Daryl Hall el concurso de mullets? ¡Seguramente! (imagen: NBC)

Hall & Oates:
Una de las parejas más exitosas del momento, que llevaban tres discos consecutivos arrasando en Estados Unidos. Sonaron correctos, pero demasiado asépticos, y como era de esperar terminaron sufriendo el Síndrome 1985. Entonces estaban en la cumbre, pero tras Live Aid su estrella comenzó a decaer. Vídeo

Mick Jagger:
Floja actuación, con dos mediocres canciones de su primer disco en solitario. La cosa solamente fue soportable cuando interpretó el viejo tema discotequero de los Stones, «Miss You», aunque tampoco en una versión particularmente brillante. Escénicamente hablando, Jagger estaba en forma, pero se ponía de manifiesto lo que mucha gente ya opinaba por entonces: que sin los Rolling Stones detrás seguía siendo un gran frontman pero con una música de interés tendente a cero. Vídeo.

Mick Jagger y Tina Turner:
El asunto mejoró instantáneamente cuando Tina Turner apareció sobre las tablas, caldeando el ambiente con su característica energía. Resulta evidente que existe una tremenda química entre Jagger y Tina, tanto en lo escénico como en lo vocal. Aunque las versiones que hicieron de «State of Shock« y «It’s only rock & roll» fueron bastante caóticas, desde luego hubo espectáculo, con momentos pensados para las portadas como aquel en que Mick Jagger le quitaba la falda a su compañera. Ya digo: musicalmente irregular, pero desde luego puro entretenimiento. Donde iba Tina, había terremoto asegurado. Vídeo.

Circunstancias varias convirtieron la actuación de Bob Dylan en un fiasco (foto: NBC)
Circunstancias varias convirtieron la actuación de Bob Dylan en un fiasco (foto: NBC)

Bob Dylan:

El último artista del cartel ocupaba ese lugar de privilegio gracias a su leyenda. Acompañado por Keith Richards y Roon Wood, Dylan ofreció una actuación acústica en la que, aparte de un sonido mal amplificado, tocó canciones poco conocidas, rompió una cuerda (interrumpiendo el tema para cambiarle la guitarra a Wood), pareció distraído por los problemas técnicos, preguntó al público «¿Se me oye?» y «¿Suena todo bien ahí fuera?» (en realidad, les habían desconectado los monitores de escenario así que ¡no se oían!)… en fin, un cúmulo de error e inconvenientes que terminaron sumándose para configurar un desastre general. Además, Dylan enfureció a Geldof sugiriendo que parte del dinero recaudado para África debería ir destinado a pagar las hipotecas de los granjeros estadounidenses, que en aquella época estaban metidos en serios problemas. Aunque Geldof y muchos otros se sintieron perplejos o escandalizados por lo que consideraron un arrebato chauvinista del estadounidense, aquello le dio una idea al gran Willie Nelson, que casi de inmediato comenzó a organizar el festival Farm Aid en ayuda de los granjeros. En fin: la aparición de Dylan en el Live Aid fue una debacle, el público se sintió decepcionado y muchos creyeron que Dylan, Richards y Wood ni siquiera habían ensayado. Más tarde se demostró que sí, porque habían grabado los ensayos, en los que Keith Richards había dicho «¡vamos a hacer historia!» (¡oh, sonrojo!). Ron Wood fue el único que tuvo dos dedos de frente sugiriendo seguir ensayando durante el viaje a Philadelphia, tocando juntos en un autobús, pero Dylan quiso que cada uno viajase en su propia limousine, así que…

La carrera de Bob Dylan, entonces ya en entredicho por el empeño en hacer música cristiana, sufrió un severo golpe. Su imagen quedó dañada, la crítica se cebó con sus dos siguientes discos y Dylan no levantó cabeza hasta publicar Oh Mercy, pero durante algunos años llegó a parecer que estaba definitivamente acabado. Eso sí, incluso después de su resurrección habían terminado sus días como cabeza de cartel para cerrar un gran evento. En Live Aid demostró que no era fiable, y que lo mismo ofrecía un show brillante como aburría o desconcertaba al personal, algo que en 2015 ya sabemos perfectamente. Vean el desastre: Vídeo.

23) Cierre en Philadelphia



We are the World:
 
El previsible final con numerosas estrellas unidas para cantar la famosa canción, que por momentos se transformó en una cómica y ridícula competición para ver quién hacía más gorgoritos y llamaba más la atención (vean por ejemplo el minuto 3:11 del enlace, ¡hilarante!). En fin, un cierre sin nada de particular excepto la colección de peinados absurdos y la cara de Santa Teresa que pone Cher, que debía de estar viendo al Altísimo. Vídeo


24) Epílogo: Los que eran esperados pero no estuvieron

En su día, Live Aid fue notorio no solamente por quienes actuaron en él, sino por quienes faltaron, que a ojos de Bob Geldof eran poco menos que herejes. Repasemos algunas de las más sonadas ausencias:

Bruce Springsteen rehusó la oferta porque quería descansar de sus giras y además se acababa de casar. Más tarde admitió que se arrepintió inmediatamente de la decisión en cuanto vio la magnitud que el festival había adquirido.

Prince no quiso actuar, parece ser, por miedo a sufrir un atentado debido al escándalo que sus discos habían provocado entre cristianos fundamentalistas. Era una postura un poco paranoica, pero en los EE. UU. de los ochenta todo era posible, recordemos que no hacía mucho habían disparado a Reagan, así que teóricamente nadie estaba a salvo.

Stevie Wonder aceptó participar, pero después, viendo que había pocos artistas afroamericanos en el cartel, se echó atrás diciéndole a Geldof que «no quería ser el negro de la película».

Michael Jackson dijo que no, se supone que por idénticos motivos a los de Stevie Wonder, y entre bastidores se rumoreó que ambos llegaron a intentar organizar un boicot racial al evento (Geldof y los suyos mencionaron la dificultad para que otros artistas negros estadounidenses se subieran al carro, pero no sé hasta qué punto esto tendría que ver con el supuesto boicot).

AC/DC rehusaron aparecer y ni siquiera se molestaron en dar un motivo, lo cual llamó mucho la atención. A la gente le extrañó esa actitud, ya que no estaban de gira, nada les impedía formar parte del festival y tenían fama de conectar bien con los proletarios del mundo. Con los años, sin embargo, su cantante Brian Johnson ha hablado con ácido escepticismo sobre estas iniciativas de caridad-espectáculo, lo cual da una buena indicación de por dónde iban los tiros en su negativa.

-En una línea de similar escepticismo, Frank Zappa se negó a aparecer porque pensaba que el dinero recaudado no terminaría en África y se perdería por el camino, y así lo dijo públicamente. Además expresaba su sospecha que el backstage terminaría convertido en un despilfarro en forma de drogas (lo cual efectivamente sucedió).

Deep Purple iban a aparecer. De hecho planeaban actuar vía satélite, por lo que ni siquiera tenían que hacer el esfuerzo de desplazarse. Todo iba bien hasta que su guitarrista Ritchie Blackmore dijo que sencillamente no le daba la gana participar, y como de costumbre se hizo lo que quería Blackmore, sin más explicaciones necesarias.

Eurythmics iban a aparecer y además estaban anunciados pero su cantante Annie Lennox sufrió repentinos problemas de garganta y prefirió no pifiarla ante millones de telespectadores.

– Bob Geldof trató de reunir a los tres Beatles supervivientes para interpretar «Let It Be», pero George Harrison se mostró irónico ante la propuesta y Ringo Starr tampoco demostró muchas ganas.

Julian Lennon iba a actuar junto a Sting y Phil Collins, pero en cuanto supo por la prensa que Geldof planeaba una reunión de los Beatles con él ocupando el lugar de su difunto padre, le dijo a Geldof que no contase con él para ninguna de las dos cosas.

Paul Simon dijo que sí hasta que empezó a notar que Geldof lo estaba presionando para que actuase junto a Art Garfunkel, y entonces renunció.

– Geldof también se dirigió a Bill Wyman para que los Rolling Stones actuasen en Live Aid, pero el bajista le dijo: «ni lo intentes, a Keith Richards estas cosas le importan una mierda». Los Stones no estuvieron pero paradójicamente, como ya hemos visto, Richards, Ronnie Wood y Mick Jagger terminaron actuando por separado.

Pink Floyd sopesaron la idea de participar, no confirmaron su asistencia pero tampoco se negaron de entrada. Finalmente, sin embargo, no aparecieron porque la ruptura con su hasta entonces líder Roger Waters se había convertido en un hecho irreparable.

Cyndi Lauper dijo que no por motivos desconocidos, aunque la rumorología (y los diarios de Joan Baez, la Radio Patio oficial del evento) hablaba de que estaba sometiéndose a algún tipo de cirugía «de la que nunca ha querido hablar», como sugiriendo un aborto o algo parecido.

Billy Joel dijo que sí y de hecho tenía ganas de formar parte del festival, pero justo en aquel momento los miembros de su banda estaban ocupados en otras giras, no consiguió reunir grupo de acompañamiento y, al contrario que Phil Colllins, no se atrevió a actuar en solitario con su piano. Qué ironía: Billy Joel no se atreve a salir con su piano pero Phil Collins sí. El mundo al revés.

Rod Stewart también aceptó participar pero tampoco consiguió reunir a su banda de acompañamiento, así que terminó echándose atrás.

Frankie Goes to Hollywood se negaron en pleno, pese a la insistencia de su cantante en que debían participar, Después, el cantante calificaría la decisión como «el mayor error de nuestra carrera», aunque personalmente dudo que hubiesen sobrevivido al Síndrome 1985.

Kris Kristofferson quería actuar, pero como nadie se puso en contacto directamente con él pensó que simplemente no le habían llamado. Después, para su disgusto, supo que Bob Geldof sí había telefoneado a su mánager, pero que este, sin consultarle, había declinado la oferta. Por lo que Geldof, claro, había dado por hecho que Kristofferson no estaba interesado. Fíese usted de sus mánagers.

Tears for Fears habían confirmado su asistencia, pero solamente unos días antes del festival dos de los músicos contratados de la banda decidieron dejarles plantados, lo cual huele bastante a venganza contra los jefes por alguna injusticia laboral.

The Kinks no fueron llamados por Geldof. Aun así, pidieron participar, pero desde la organización alguien les dijo que Geldof estaba buscando únicamente a «nombres famosos». Ouch.

Thin Lizzy se habían separado, pero como su líder Phil Lynott era paisano y bastante conocido de Geldof, sus amigos comunes estaban convencidos de que lo llamaría para que los Lizzy se reuniesen en el Live Aid. Pensaban que sería una manera de sacar a Lynott del agujero de depresión y drogadicción en el que estaba metido. Pero la llamada de Geldof nunca lse produjo y el festival se celebró sin ellos. Sabiendo que habían perdido una oportunidad histórica, Lynott se sintió hundido y continuó con su carrera de autodestrucción hasta morir meses después. En este caso no se cumplió el refrán de «la caridad empieza por los de casa».
   
 


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Y ahora, si me disculpan, voy a intentar recuperarme de la sobredosis de ochenterismo cubriendo las paredes de mi casa con telas negras y escuchando grabaciones de tormentas, de cantos de ballenas o cualquier otra cosa que se parezca lo menos posible a los Thompson Twins.